Metodología y planificación del entrenamiento

Premisas para desarrollar un sistema de gestión del proceso de entrenamiento a largo plazo

A. S. Medvedev, jefe del departamento de halterofilia, GTsOLIFK

Resumen en español de Tyazhelaya Atletika. Ezhegodnik 1986 (Moscú: Fizkultura i Sport, 1986), pp. 10–14: el texto es una paráfrasis, no una traducción; las ilustraciones son las imágenes originales.

La ciencia del deporte aspira a un sistema de entrenamiento a largo plazo entendido como un objeto global en constante desarrollo, y a formas eficaces de gestionarlo. En halterofilia este sistema puede presentarse como el proceso de formación de la maestría deportiva (PFMD), cuya duración es relativamente estable y que tiene etapas claramente marcadas.

Gráfico del progreso de los halterófilos por los baremos de cualificación a lo largo de los años
Fig. 1. Progreso de los halterófilos por los baremos de cualificación.

Los índices de rendimiento progresan durante unos 12 años en promedio (de 10 a 14). Los levantadores cumplen el baremo de Maestro del Deporte en unos 5 años y necesitan 2–3 más para alcanzar la categoría internacional. Cada peldaño de la clasificación de toda la Unión (tercera, segunda y primera categoría, Candidato a Maestro, Maestro) lleva alrededor de un año, y los levantadores más ligeros los superan algo más rápido que los más pesados.

El PFMD comprende la selección y el entrenamiento inicial, la formación de la maestría deportiva, la maestría deportiva superior y la preparación en la selección nacional. Cada etapa tiene sus propias tareas, y solo cuando estas conducen a un resultado elevado el proceso es un verdadero sistema que permite aprovechar plenamente el potencial de cada levantador.

Las etapas

La selección y el entrenamiento inicial dura hasta 2 años. El deportista domina los fundamentos de la técnica, se acostumbra al entrenamiento y supera los primeros peldaños hasta la tercera categoría. Los errores cometidos aquí son difíciles de corregir después: subestimar la preparación general, descuidar la técnica, forzar el entrenamiento y, sobre todo, «machacar» para lograr resultados en lugar de una preparación sistemática, lo que perturba el desarrollo psicológico, funcional y físico. Todo principiante, por dotado que sea, necesita una amplia formación inicial, y hasta el 40% del tiempo debe dedicarse a la preparación física general (PFG).

La formación de la maestría deportiva dura hasta 3 años y apunta al baremo de Candidato a Maestro. El levantador debe aprender a ejecutar correctamente la arrancada y el dos tiempos y convertir la técnica en una habilidad firme. El volumen de los levantamientos clásicos es mayor que antes, sobre todo en el camino hacia la segunda y la primera categoría, y disminuye cerca del baremo de Candidato. La PFG ocupa hasta el 20%.

La maestría deportiva superior dura hasta 4 años y apunta a los baremos de Maestro y de categoría internacional. Dominan los ejercicios auxiliares especiales, con mucha atención a las cualidades de fuerza-velocidad; la técnica se perfecciona o se mantiene, y la PFG ocupa el 16–17%.

El escalón más alto es competir en las selecciones nacionales, donde el deportista soporta cargas físicas y mentales pesadas y debe mostrar resultados de nivel internacional en condiciones competitivas extremas. El entrenamiento se estructura más o menos como en la etapa anterior.

Estructura y programación

El PFMD avanza mediante un aumento planificado y coherente de la capacidad de trabajo específica, de modo que mejorar la técnica exige un efecto de entrenamiento creciente y gestionar la preparación exige conocer la estructura del proceso a largo plazo (Fig. 2). Cada etapa necesita un programa concreto que defina los medios (principales, complementarios y de PFG), la biomecánica de la arrancada y del levantamiento hasta el pecho y desde el pecho, y los métodos del trabajo de fuerza-velocidad, junto con un volumen de carga distribuido racionalmente entre los períodos. Con una estructura racional el levantador puede regular su forma física y mejorar la técnica.

Esquema de la estructura y la gestión del proceso de entrenamiento a largo plazo
Fig. 2. Estructura del proceso de entrenamiento a largo plazo.

Se ha acumulado mucho material científico y metodológico, principalmente sobre volumen e intensidad, de modo que los entrenadores deben actualizar constantemente sus conocimientos, y crece la escasez de entrenadores de alta cualificación. Las recomendaciones proceden de los mejores especialistas, pero las aplican entrenadores menos preparados, mientras que los líderes carecen de tiempo. Por eso hacen falta programas unificados para cada etapa, basados en las leyes del PFMD y que fijen los ejercicios para todos los deportistas, corregidos según las características individuales. En 1975 A. S. Prilepin probó con éxito un programa de 10 semanas, sesión por sesión, para levantadores de segunda categoría, y el autor publicó programas de tres semanas para ciclos introductorios, de base y precompetitivos para levantadores destacados en los anuarios de 1978, 1980, 1981 y 1983, probados en un largo experimento con las selecciones nacionales de Dynamo.

Pasar de la planificación a la programación mejora la gestión porque la planificación y el control operativos, corrientes y a largo plazo cambian en lo esencial (Fig. 2). Primero se fija un objetivo: el crecimiento del resultado deportivo, el principal índice de eficacia, pronosticado a partir de la cualificación del levantador. Después un programa de preparación selecciona medios, métodos y el volumen y la intensidad óptimos para alcanzar el nivel de capacidad de trabajo especial que hace alcanzable el objetivo. Conforme se ejecuta, el nivel funcional del deportista sube. La retroalimentación proporciona información regular sobre su estado para que el programa pueda corregirse a tiempo. El resultado indica tanto la eficacia como la cualificación y alimenta el objetivo siguiente. El deportista es la figura central, ya que el objetivo y el programa se fijan para él.

Todo el proceso debe verse como una unidad, con los ciclos anuales como subsistemas interrelacionados. Un plan anual a largo plazo (no más de 4 años por adelantado) pronostica sobre todo el resultado y fija la carga total por mes y por año y la intensidad aproximada. Después el volumen mensual se reparte por semanas, se eligen los medios para la semana y para cada sesión, se fija aproximadamente el tiempo para el trabajo pesado (al menos el 90% del máximo) y sigue la planificación operativa. La estructura racional de la carga solo emerge en el entrenamiento, y se puede juzgar al cabo de un mes, no de una semana, así que con esa planificación los errores afloran al final de una etapa, cuando ya no se puede cambiar nada. La práctica muestra que la eficacia aumenta notablemente con la programación, que fija de antemano las series, los levantamientos y el peso de cada ejercicio y sesión durante al menos 3 semanas.

Un programa tiene varias funciones. Es una matriz con un conjunto y una distribución óptimos de medios, métodos y cargas, con los que mejora el rendimiento específico y se cumple el objetivo en cada etapa. También es un medio de control, que mantiene el entrenamiento dentro de límites e impide desviaciones injustificadas de los principios de planificación de la carga. Y mediante la retroalimentación se corrige la carga de forma individual y se mejoran el programa y las formas de planificación, en especial la operativa. Así, los programas unificados fomentan un enfoque creativo y, combinados con la corrección, permiten realizar más plenamente el potencial de cada deportista.